
Te odio porque no puedo sacarte de mi corazón. Porque eres un amalgama en mi ser que ha drenado su vida sobre la mía. Te odio porque te entiendo, en cada situación, movimiento y diatriba como piezas de un ajedrez interminable y absurdo. Te odio porque somos iguales, gitanos sin rumbo que no podemos leernos las cartas, locos de atar, interesantes y aburridos; unos perros tras el mismo hueso. Te odio porque extraño tus besos, tu aliento, tu sabor. Te odio porque eres mi Johansson parada en la vereda y yo un triste Murray subiéndose a un taxi, ambos, perdios en Tokyo. Te odio porque ya no hay películas, el cine es triste. Te odio porque te llevaste todo: mi alegría, mi cariño, mi llanto, mis penas, para hacerlos tuyos, cuídalos bien. Te odio por las tardes que ya no hay, ni los momentos felices, ni el cielo en lo alto, ni las noches largas. Te odio porque te veo en cada Girasol. Te odio en las noches que te espero muy paciente cuando ya no ruges. Por el café que sabe distinto y la carne sosa. Por tus pies que ya no juegan ni hacen huellas sobre el tablero y te regaño porque no sabes cuidar lo que es tuyo. Por las llamadas que no llegan, por los mensajes sin texto, por los correos perdidos, por las tareas a medias. Porque me muero y no estás, no apareces, no respondes. Te odio porque me haces reír aún cuando no estás.
Si esto te parece poco, imagina cuánto te odio entonces, porque no te puedo dejar de amar, amOr.
hp©, esta vez, sin palabras....
Si esto te parece poco, imagina cuánto te odio entonces, porque no te puedo dejar de amar, amOr.
hp©, esta vez, sin palabras....







