Estoy vencido. No sé si llamar a tu puerta, golpear sin descanso incluso a sabiendas que no tendré respuesta. Admiro el valor que tienen los monigotes de trapo, el silencio precioso de los condenados a muerte. Suspiro por el tiempo perdido que no regresa y sueño con el niño que podría llegar en cualquier momento, ¿Quizá hoy? ¿Tal vez mañana? ¿Acaso nunca? La felicidad tiene otro lado, uno feo pero simpático, uno romántico pero falaz. ¿Será que me equivoqué de puerta y lo que debo hacer es abrir una ventana? rogarle a un santo chiflado o rendirme a dios sin esperar nada a cambio. Estoy herido. Nunca vi un animal salvaje sentir lástima de sí mismo/Una pequeña ave podría caer de un tronco muerta de frío, pero sin sentir lástima de sí misma, recitaba D.H Lawrence, tal vez lo hizo pensando en aquellos que estamos destinados a pasar por lo mismo, lamiendo nuestras heridas como algo salvaje, revolcándonos en el placer al escocer las llagas, atónitos al burbujeo ácido desde las entrañas y al vacío insano que deja tu ausencia.
Estoy desarmado. Me quedé sin remedio y sin costura, no hay más sonrisa malévola, nos hay caricia en el rostro, no picas más en la barba. No hay imagen en sepia, ni ojos sin horizonte, máquina vieja, reloj sin cuerda, no más piernas perfectas y cuerpo necesitado. No tengo pistola al cinto, ni espada con escudo, no tengo balines para una escopeta, no tengo más sonrisa ni palabra.
Estoy vencido, herido, desarmado, y así me tomas tan desprevenido, sin huellas de tu pasado, vestigio del presente o una señal para el futuro.
hp, una tarde sin sentido...