viernes, julio 29, 2011

Herida abierta












Acá estoy, nuevamente con la herida abierta, con la llaga sin escocer y perenne. La toco para que duela más, para quitarme el mal del absurdo, la viciosa terquedad; para recordarme que no somos distintos, por el contrario nos une el hilo de la complicidad, de la malicia y por qué no, el de la bondad. Tenemos un ente malo muy adentro, si continúo escarbando lo encontraré, si urgo con mi dedo en su interior, la carne ardiendo me importará menos que cuando me ardes tú. Cuando voltéo hacia atrás y te veo allí, de pie como un ángel malévolo vestido de vino tinto, de escueta lencería, sin alas pero con piernas fuertes, con pies duros y temple firme. Regresar sobre mis pasos es tan inútil como desenredar los caminos, el punto es seguir para adelante, omitir la sublevación del niño infantíl, la dureza de una madre ecuánime y severa; la mujer de batallas ganadas y algunas perdidas, la amazona salvaje de parada bonita: arquendo el cuerpo para recibir el mundo.







Sigo aquí, como un baluarte abandonado a su suerte, con su inquieta esperanza, sin más miedo a la muerte. Atorado en medio del viento que obliga a olvidar, doblegado a la soledad del alma, al temor de perderte. Aún me resta la paciencia inacabable, la sensación de protegerte, de extrañarte, quererte. Pavimenta mis baches de estructura o acaba de una vez con un disparo en mi frente. Nuestras canciones de dolor quedan, así y de repente, con tu voz nasal, disoluta, siempre hermoza, irreverente.







Quiebra mi base como lo sabes hacer, derráma una vez más mis lágrimas vacías, mi llanto inconsolable, el dolor en mi herida abierta, cálmalo como tú sabes, con la magia de tus azotes, con la impertinencia de tus palabras acertadas, con tu manto de pelaje indomable, con tu santería inexplorada y tu brujería de siempre.











hp, ...hechizado y sin luz